Amor

Se podría decir que es como la noche. Destaca ese negro infinito de su pelo y ese oscuro tan profundo de sus ojos, rebosantes del brillo del firmamento cuando sonríe. Frente a esa sonrisa estoy yo y, al verla, bajo tímidamente los ojos. Sin embargo, tan solo un instante después, decidido, levanto la mirada y le tiendo mi mano. Y es ella la que la agarra.

Su mano es suave y su movimiento delicado. Diría que es hasta frágil, casi parece que se podría quebrar. Más que aferrarse noto como si estuviera jugando con el tacto, controlando donde estoy y al deslizar a donde voy. Yo no puedo apartar la mirada de la suya mientras ella aferra mi otra mano y espera a que bailemos. Cierro los ojos un instante, escucho la música y empiezo a mover los pies como me pide la canción.Ese movimiento se traslada a la parte superior de mi cuerpo, pasando por las rodillas, llegando a los hombros y recorriendo mis brazos hasta conectar con los suyos. Apenas se estiran o recogen los míos, los suyos los siguen en perfecta armonía, de forma que, el movimiento que llega a las palmas de las manos de ella, fluye hasta los pies, justo a la inversa que en mi caso, pero consiguiendo el mismo juego de pies.

Una vez que nuestro paso es el mismo comienzo a hacerla girar, luego soy yo el que da una vuelta, la alejo y me alejo, la acerco y me acerco.. estamos muy juntos. Noto su olor. Seguimos bailando y, sin darme cuenta, he cerrado los ojos, concentrándome en el resto de mis sentidos. Tengo mi mano derecha en su cadera, me ayuda a calibrar su vaivén. Mientras, la mano izquierda sostiene su derecha, agarrándola por los dedos y manteniendo su dorso señalando al cielo, moviéndose hacia su otra mano, que se encuentra entornando mi cuello, donde finalmente apoya su segunda palma mientras mis dedos se deslizan por su brazo, hombro y caen por su costado drenando un poco antes de llegar a su pantalón. Ahora si estamos cerca. Realmente cerca. Noto su mejilla derecha pegada a mi rostro, siento como el calor emana de ella. Sus manos no terminan de encontrar un hueco fijo, recorriendo mis hombros y mi cuello. Mis manos se ciñen a su cintura y empiezan a a recorrer su espalda, juntándose poco a poca, casi como si fuera abrazo. Noto como respira, la hinchazón de su pecho al inhalar, un pequeño soplido al exhalar sobre mi oreja.

Estamos muy cerca. Nuestras piernas se entrelazan, su derecha entre las mías y de igual forma la mía está atrapada entre las suyas. A la par nuestras caderas realizan un movimiento armónico, similar al de un péndulo mientras bailamos. No puedo dejar de pensar en el calor de su rostro rozando el mío. No se si me lo imagino, no se si me estaré confundiendo, pero yo solo quiero girar un poco más mi cabeza y saber a que saben sus labios.

Bailando con la noche pude ver amanecer