Mordiendo el cuello
Historia basada e inspirada en el día de Halloween. Espero que te guste y disfrutes de este relato tan distinto a lo que suelo hacer.

31 de octubre

Por fin había llegado el día. Se estaba maquillando en frente del espejo mientras escuchaba heavy metal. Le motivaba ese género porque le hacía sentirse seguro de sí mismo. Y en un día tan especial lo necesitaba.

31 de octubre. La noche de los muertos. Era el escenario perfecto. Tras el maquillaje y el disfraz podría esconder su inseguridad, su miedo. Su verdadero ser. Con su disfraz se armaría de valor y por fin lo haría.

Una semana antes se puso a investigar cuáles eran los disfraces más buscados en internet y los más vendidos en las tiendas de su ciudad. Quería ir a la moda, sin resaltar y sin llevar algo ridículo y desfasado. Las modas se le daban fatal, así que decidió no tomar él esa decisión. Fue todo un acierto.

El disfraz más vendido, sin duda, era el de vampiro. Además, vampiro clásico. Como le gustaba a él. Con capa y ropa de otra época que solo aparecía en las películas más nostálgicas. Ya quedaba poco.

Estaba acabando de caracterizarse. Había cuidado hasta el más mínimo detalle. Se pintó completamente de blanco, pero en algunas partes se apreciaba un tono de piel muy oscuro debajo del maquillaje. Era sutil, pero mucha gente se daría cuenta de ello. Sin embargo, sonrió contento con su trabajo. Era una obra maestra. Ahora le tocaba al cabello.

La noche anterior se tiñó su pelo oscuro de color rubio con unos de esos tintes que en varios lavados desaparecen. Se veía feo y el pelo no pegaba con el estilo gótico que quería llevar en memoria a las series y películas oscuras que tanto le gustaban. Se puso una peluca que ocultaba ese desastre, pero tendría que recolocarla a lo largo de la noche, pues se le movía y se veía el pelo real. El resultado final era increíble.

Tenía manchas rojas por toda la vestimenta, partes del disfraz estaban desgastados y rotos. Los dientes postizos eran amarillentos y llevaba unas lentillas que le hacían los ojos completamente rojos. Estaba listo para irse de bares y encontrar una chica preciosa, con la que pudiera desfogarse.

Se paseaba por las calles examinando los locales, pensando en cual podía ser el mejor para esa noche. Se detuvo para hablar con los porteros y preguntarles por el ambiente dentro. Todos decían que estaban completos de vampiresas buscando a su Drácula o alguna frase similar.

Finalmente entró en uno pequeño y no muy conocido. La ambientación era genial. A parte de las típicas calabazas, arañas, telarañas y velas tenían más monstruos, luces con tonos azules y rojos oscuros y los porteros estaban vestidos de Frankenstein. Fue decido a la barra y se pidió un bourbon.

Le dio un sorbo. Estaba asqueroso. No le gustaba el bourbon. Pero pensó que esa noche tenía que salirse de su zona de confort, ser otra persona. y… mola decir que bebes burbon. Entabló conversación con mucha gente hasta que por fin la conoció. Era preciosa, incluso debajo de esa sonrisa de zombie. Tenía el pelo desalineado, largo y rubio. Sus ojos eran azules y al contemplarlos sintió como le embriagaba la tranquilidad. Era ella.

La noche pasó rápida. Estuvo con el grupo de amigos con el que había ido ella. Bailaron (o al menos hicieron algo parecido), se rieron (sobre todo de que se le saliese la peluca y las zonas mal maquilladas) y pasado bastante tiempo los dos solos. Conectaron. Y finalmente, ella se iba.

⁃ ¿Te importa si te acompaño? – Preguntó él. – Me da miedo la gente de la calle ¿Has visto que pintas? Igual te hacen daño… – Lo dijo con una sonrisa burlona, pero ella vio inseguridad y esperanza.

⁃ Me importaría que no lo hicieras, además, tengo una botella de vino arriba… podrías subir y probarla.

⁃ ¿No molestaré?

⁃ Vivo sola. – Él sonrió, no podía creer la suerte que estaba teniendo.

⁃ En verdad tengo un poco de sed. – dijo el vampiro enseñando los dientes.

Caminaron entre risas tontas y miradas incómodas hasta que llegaron al portal. Era una casa vieja. El portal era de madera oscura. Nada más entrar vio que no tenía ascensor y había algún barrote de las escaleras oxidado.

⁃ ¿Sabes? Viene aquí hace un par de años. No tenía trabajo y me alquilé el último piso de esta casa por su precio. Pensé: “es algo pasajero, hasta que tenga trabajo”. Resulta que llevo ya año y medio con trabajo pero le he cogido cariño ¡De todas formas que no te engañe eh! El piso es grande y cómodo. Estoy hablando con el casero para cambiar algún mueble y darle un aire más moderno.

Cuando entraron en el piso se quedó impresionado. Era inmenso, muy alto. Tenía una decoración clásica y una terraza enorme.

⁃ Es maravilloso. – Señaló.

Fueron a la cocina a por la botella de vino y salieron a la terraza. Era posiblemente la panorámica más hermosa de la cuidad que había visto.

⁃ ¿Te gusta?- Dijo ella.

⁃ Es magnífico. – Dijo mientras se recostada en la barandilla.

⁃ ¿Y yo?

⁃ ¿Tú? No. Tú eres lo más maravilloso que he visto en mi vida.

Conforme decía eso ella se lanzó y lo besó. Se había dado cuenta de que era muy tímido e inseguro y tendría que llevar ella gran parte de la iniciativa. El problema es que le gustaba que fuera al revés. Estaba acostumbrada a hombres seguros y activos. Además, no sabía muy bien qué hacer si no conocía a la otra persona y qué cosas le gustaban, así que preguntó.

⁃ Dime lo que más deseas que te haga, hoy soy tuya. – Susurró a su oído y le mordió el lóbulo de la oreja.

⁃ Déjame que te ate y te amordace – Ella nunca había probado eso, pero le resultó tan repentino y le sorprendió tanto de él que le dejó.

Utilizaron algunos cables de un viejo vídeo para las manos y pies, cinta americana para la boca y todo se ataba a los barrotes del balcón. Ella estaba muy cachonda. Parecía que él era otra persona. Más seguro, fuerte e implacable. Ese cambio de actitud la excitó mucho.

⁃ Lo siento. – Dijo él mientras agachaba la cabeza. – No es nada personal.

Ella empezó a asustarse. La mirada de su amante se había vuelto fría. No podía mantener el contacto visual y le temblaba la mano. Quiso gritar, pero fue imposible. Estaba muy bien amordazada. Las lágrimas no dejaban de emanar de sus ojos mientras veía como un hombre lleno de sangre y ropa andrajosa rebuscaba en la caja de cables. Mientras, ella estaba completamente atada y amordazada.

Él, tranquilo, agarro un cable largo por un extremo. Al otro había tres puntas. Una de color rojo, otra amarilla y finalmente la blanca. Lo utilizó de látigo.

Mientras se acercaba a su víctima, esta, negaba con la cabeza, se agitaba e intentaba soltarse. Fue imposible. En las manos y tobillos tenía marcas rojas de quemarse con el cable y empezaba a sangrar. Desesperada.

Él la azotó. La primera vez fue suave. Vio que casi no le hizo daño. Pero con cada golpe aumentaba las fuerzas y, conforme más veces golpeaba, más sangre había. Rajaba la piel con facilidad. Al ver la sangre aumentaba su rabia, y la rabia lo excitaba más. Ella sangraba y lloraba a partes iguales. Paró.

⁃ Tengo mucha sed. – Bebió de la copa de vino, tomo aire. Su voz sonaba muy tranquila, aunque entrecortada por la respiración cansada por el esfuerzo. – Nunca lo había hecho. También es primera vez. Cuando veía escenas así en películas e internet me ponía muy cachondo. Quería probar – Hubo un pequeño silencio – ¿Sabes? Estás muy guapa cuando lloras. – Miro el reloj. – Bueno, con la hora que es ya voy a tener que irme enseguida, en dos horas amanecerá.

Dejó el cable y partió una silla. Cogió un trozo corto a modo de bate y la golpeó. Primero las piernas. Luego en las costillas. Escuchó como crujieron algunas. Repitió el golpe para escuchar ese sonido tan gratificantes. Le partió un brazo. Paró. Vio el sufrimiento en los ojos de la joven. Decidió centrarse en la cabeza. Con el primer golpe la mató. Sin embargo siguió golpeando. Reventó su cráneo y la sangre salpicaba por todos lados. Tenía que irse ya.

Al parar se encendió un cigarro, y se lo fumó mirando por la terraza. Era preciosa la vista. Cuando se consumió el cigarro tiró la colilla a una bolsa. En ella metió los cables. Los trozos de silla que había tocado y fue a la cocina. Cogió la legía y limpió todo, especialmente roció su rostro, boca y manos.

Se marchó. La gente salía de las discotecas. La calle se llenó de vampiros manchados de sangre que iban a sus casas. Él era uno más de ellos. Pero antes de ir a casa, tenía que hacer una parada.

Bajó al río de la ciudad y, en un recoveco escondida, había una mochila que recogió. Tenía elementos para limpiarse entero en el río. Se quitó la ropa y se desmaquilló. Debajo de ese blanco había zonas de negro. Cuando se limpió completamente se vio que su piel era pálida, de un tono muy parecido al que se había pintado encima del negro.

Se quitó la peluca y, al aplicarse un producto para quitarse el tiente, se vio que su pelo era del color de la peluca. Cogió todo su disfraz y lo quemó en una parrilla cercana a donde se había limpiado.

La mochila la llevó a un muladar poco conocido, la escondió entre los trozos putrefactos de otros animales. Llegó a casa y se masturbó pensando en lo ocurrido. Durmió y soñó con ello. Despertó y empezó a pensar en el próximo Halloween.

FIN.

.
.
.

Lector beta @smoker_9206

.
.
.
.
¡Espero que te haya gustado! Dímelo más abajo en la caja de comentarios y dame tu opinión. Todo comentario será bien recibido y, si queréis inventaros la dirección de correo que no pasa nada.
.
Si quieres ver las entradas recientes pulsa aquí o busca la categoría que más se adapte a tu gusto en la barra lateral de la derecha! Para recibir aviso de las entradas pon tu dirección en la la barra de la derecha y confirma en tu correo electrónico (puede llegar a la bandeja de spam o correo no deseado).